¡La cultura sopetranera está de luto! La Casa de la Cultura de Sopetrán, que durante décadas fue el corazón palpitante del arte y la tradición antioqueña, ha dejado de cantar. Donde antes resonaban las alegres melodías del bambuco y la cumbia, hoy solo quedan escombros y silencio.
Memoria Viva Hecha Escombros
Las paredes que guardaron risas de niños con pinceles en mano y pasos firmes de parejas girando al ritmo de las cumbias, se han derrumbado en silencio. El polvo cubre los bancos donde una vez se sentaron abuelas tejiendo sueños en manualidades, y el viento arrastra hojas secas por el salón que olía a café y a sudor de ensayos. Los clarinetes que dibujaban melodías en el aire y los bombos que retumbaban con fuerza ahora solo existen en el recuerdo.
Silencio Donde Había Vida
Ya no habrá más tardes en que los platillos marcaran el compás de un festival, ni noches en que la cumbia nos hiciera olvidar la lluvia. Los ecos de los clarinetes, bombos y platillos suenan por última vez en nuestra memoria y se pierden para siempre entre los escombros. Las vigas rotas se inclinan como dedos acusadores al cielo, testigos mudos de lo que alguna vez fue un templo del espíritu.
Un Vacío que Nadie Llenará
En este rincón de Antioquia, donde la música era puente entre generaciones y el arte un refugio para el alma, hoy solo queda un hueco que nadie llenará. El silencio pesa más que cualquier otro sonido porque lleva consigo los sueños de quienes crecieron entre esas paredes. Tal vez algún día nuevas voces se atrevan a reconstruir lo perdido, pero nunca volverán los mismos sonidos, ni los mismos rostros. Sopetrán pierde su alma de arte, y nosotros, un pedazo de infancia que nunca volverá.
